Porque ahora se trata de decirnos: no, si los activos tóxicos son en realidad muy buenos para la salud, compradlos, tontos, no seais críos... Pero poniendo como compradores a inversores privados financiados por el estado. Una capita más en la cebolla, venga. Así, si sale bien, los inversores privados se forran, y si sale mal pues qué pena, adiós muy buenas.
Más de lo mismo. Pero peor.
